"Un espacio fuera de cualquier dictadura"
OBRA EXPUESTA:
Título: Made in Taiwan,
Técnica: Serigrafía numerada
LOS
ALFAREROS DE GUNDIVÓS
o primeiro que se ve
son as olas a secare
e os fornos a cocer
Esta
copla popular hace referencia a los alfareros de Gundivós que durante años se
dedicaron a hacer los tradicionales "cacharros" como medio de vida.
El
origen de este oficio se desconoce, pero algunos lo sitúan en el Neolítico y
época celta (castrexa), y otros la sitúan en la época romana, cuando en
Gundivós se fabricaban las vasijas con las que se transportaba el vino de Amandi
hasta Roma, donde lo disfrutaban las familias más pudientes.
La base
económica de esta zona era la agricultura y la ganadería, por lo que el oficio
de alfarero era un complemento a la actividad principal de la familia. Siempre
se conoció como tierra de cacharreiros, transmitiéndose el oficio de generación
en generación, aprendiendo de los ascendientes.
Su
trascendencia mayor tuvo lugar durante el siglo XIX y en la primera mitad del
siglo XX, cuando trabajaban el barro vecinos de la Parroquia de Gundivós (Campoverde,
Carboeiro, Gundivós o Vello, A Lama, A Pena, Vilanova ...), e incluso de otras
parroquias limítrofes. Antes de 1950 había hasta 20 cacharreiros, pero en los
años 60 solo quedaban media docena.
Centrándonos
en los cacharreiros de Vilanova, a los que hace alusión el cuadro, se trata de
la familia de "Os Zorros" que se dedicaron a este oficio para ganarse
la vida. Comenzó por José de Vilanova (antepasado de los retratados), y
posteriormente continuaron el oficio Alonso, Heminio (hijos del anterior) y
Federico (sobrino) hasta la década de los 60 en que emigraron a diferentes
ciudades españolas, ya que la llegada de los recipientes de plástico fue
desplazando el uso del barro, pues era mucho menos pesado y más duradero.
Volvieron en la década de los 80, algunos ya jubilados, a retomar el oficio con
la intención de darlo a conocer y que la tradición "oleira" perdurase
en el tiempo, sin caer en la tentación de adulterarla.
La
antigua alfarería de Gundivós dejó de tener un carácter meramente utilitario y
doméstico -como lo había sido para sus predecesores- y pasó a ser estimada por
sus valores artísticos y culturales.
Las
piezas de barro tenían una utilidad práctica pues estaban pensadas para ser
utilizadas en la cocina, en la bodega, matanzas etc... . Las piezas que estaban
en contacto con el vino (xarros, olas, escorrecubas, cuncas...) se
impermeabilizaban con pez (brea), cuyo uso es prácticamente exclusivo de esta
cerámica. Se aplica cuando la pieza está cocida exponiéndola directamente al
fuego para que el polvo de pez se derrita y forme la capa interior impermeable
brillante, por ello tiene el color negro característico.
Los
alfareros ("cacharreiros") en ocasiones trabajaban para otras
personas, más pudientes, hospedándose incluso en sus casas. También llevaban
los cacharros para vender en las ferias de Sober, Rosende, Ferreira de Pantón,
etc...
PROCESO
DE ELABORACIÓN:
El
barro se extrae de las barreiras o pozos que se excavan en lugares más bajos.
El
barro, se moja con un poco de saliva y se aprieta con los dedos para comprobar
su calidad.
Una vez
almacenado, se le echa agua y se va golpeando durante varios días para que vaya
adquiriendo plasticidad.
El tipo
de barro más apreciado en una mezcla entre el barro ligoso (de la zona de
Lobios) y el barro faragullán (de las veigas de Liñares).
Antes
de comenzar a utilizarlo, se amasa con las manos para eliminar las impurezas.
El
elemento fundamentar para la elaboración de las vasijas es la sistema
primigenio, de rueda baja, casi a ras de suelo, que había que mantener girando
con impulsos de la mano. Solían ubicarse en el corredor de la casa para
aprovechar la luz.
Se
comienza el proceso utilizando bandas o tiras de barro superpuestas hasta
completar la vasija.
El
trabajo más intenso es el de la cocción. Precisa 7 horas de trabajo continuo.
El
horno es como un cono invertido, más abierto en la parte superior.
Para
colocar los cacharros el alfarero debe apoyarse con las piernas abiertas desde
el fondo del horno. Las piezas deben estar bien secas ya que sino se agrietan
con el calor.
Antes
de colocar todos los cacharros, ya se enciende el horno para que las piezas del
fondo vayan endureciendo y soporten el peso de las que se colocan encima.
La leña
que se utiliza es principalmente tojo.
Las
primeras horas se llama templar el horno (temperar o forno), ya que se no se
calienta demasiado deprisa para que las vasijas no se agrieten. Después,
durante cuatro horas se calienta al máximo para que la cocción sea profunda.
Se echa
un poco de sal gruesa por encima del horno para que las vasijas tengan
diferente coloración.
Una vez
pasado el tiempo, se deja enfriar hasta el día siguiente que se saca la
hornada.
Una vez
retiradas las vasijas, se hace el proceso de echar el pez (empegar) las que van
a contener líquidos (xarros, ámboas, cántaros..)
Se
muele el pez para retirar las impurezas. Luego se calienta el cacharro en un
fuego hecho con tojos en el suelo y así caliente se coge con cuidado y se le
aplica el pez en la parte interior distribuyéndolo uniformemente.
Texto
de Ana M. Díaz
Un
enorme abrazo a todos.
#centroculturalgenerosatrigofernandez
#realismointuitivo #gundivossoberlugo #culturadesdegalicia #novaarte #artefutura #GaliciaVaciada

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario