miércoles, 8 de mayo de 2024

LOS ALFAREROS DE GUNDIVÓS

"Un espacio fuera de cualquier dictadura"


OBRA EXPUESTA:

Título:        Made in Taiwan,
Técnica:     Serigrafía numerada
Tamaño:    81 x 100 cm
Precio:       500 €

LOS ALFAREROS DE GUNDIVÓS

 Ao pasar por Gundivós

o primeiro que se ve

son as olas a secare

e os fornos a cocer

 

Esta copla popular hace referencia a los alfareros de Gundivós que durante años se dedicaron a hacer los tradicionales "cacharros" como medio de vida.

El origen de este oficio se desconoce, pero algunos lo sitúan en el Neolítico y época celta (castrexa), y otros la sitúan en la época romana, cuando en Gundivós se fabricaban las vasijas con las que se transportaba el vino de Amandi hasta Roma, donde lo disfrutaban las familias más pudientes.

La base económica de esta zona era la agricultura y la ganadería, por lo que el oficio de alfarero era un complemento a la actividad principal de la familia. Siempre se conoció como tierra de cacharreiros, transmitiéndose el oficio de generación en generación, aprendiendo de los ascendientes.

Su trascendencia mayor tuvo lugar durante el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, cuando trabajaban el barro vecinos de la Parroquia de Gundivós (Campoverde, Carboeiro, Gundivós o Vello, A Lama, A Pena, Vilanova ...), e incluso de otras parroquias limítrofes. Antes de 1950 había hasta 20 cacharreiros, pero en los años 60 solo quedaban media docena.

Centrándonos en los cacharreiros de Vilanova, a los que hace alusión el cuadro, se trata de la familia de "Os Zorros" que se dedicaron a este oficio para ganarse la vida. Comenzó por José de Vilanova (antepasado de los retratados), y posteriormente continuaron el oficio Alonso, Heminio (hijos del anterior) y Federico (sobrino) hasta la década de los 60 en que emigraron a diferentes ciudades españolas, ya que la llegada de los recipientes de plástico fue desplazando el uso del barro, pues era mucho menos pesado y más duradero. Volvieron en la década de los 80, algunos ya jubilados, a retomar el oficio con la intención de darlo a conocer y que la tradición "oleira" perdurase en el tiempo, sin caer en la tentación de adulterarla.

La antigua alfarería de Gundivós dejó de tener un carácter meramente utilitario y doméstico -como lo había sido para sus predecesores- y pasó a ser estimada por sus valores artísticos y culturales.

Las piezas de barro tenían una utilidad práctica pues estaban pensadas para ser utilizadas en la cocina, en la bodega, matanzas etc... . Las piezas que estaban en contacto con el vino (xarros, olas, escorrecubas, cuncas...) se impermeabilizaban con pez (brea), cuyo uso es prácticamente exclusivo de esta cerámica. Se aplica cuando la pieza está cocida exponiéndola directamente al fuego para que el polvo de pez se derrita y forme la capa interior impermeable brillante, por ello tiene el color negro característico.

Los alfareros ("cacharreiros") en ocasiones trabajaban para otras personas, más pudientes, hospedándose incluso en sus casas. También llevaban los cacharros para vender en las ferias de Sober, Rosende, Ferreira de Pantón, etc...

PROCESO DE ELABORACIÓN:

El barro se extrae de las barreiras o pozos que se excavan en lugares más bajos.

El barro, se moja con un poco de saliva y se aprieta con los dedos para comprobar su calidad.

Una vez almacenado, se le echa agua y se va golpeando durante varios días para que vaya adquiriendo plasticidad.

El tipo de barro más apreciado en una mezcla entre el barro ligoso (de la zona de Lobios) y el barro faragullán (de las veigas de Liñares).

Antes de comenzar a utilizarlo, se amasa con las manos para eliminar las impurezas.

El elemento fundamentar para la elaboración de las vasijas es la sistema primigenio, de rueda baja, casi a ras de suelo, que había que mantener girando con impulsos de la mano. Solían ubicarse en el corredor de la casa para aprovechar la luz.

Se comienza el proceso utilizando bandas o tiras de barro superpuestas hasta completar la vasija.

El trabajo más intenso es el de la cocción. Precisa 7 horas de trabajo continuo.

El horno es como un cono invertido, más abierto en la parte superior.

Para colocar los cacharros el alfarero debe apoyarse con las piernas abiertas desde el fondo del horno. Las piezas deben estar bien secas ya que sino se agrietan con el calor.

Antes de colocar todos los cacharros, ya se enciende el horno para que las piezas del fondo vayan endureciendo y soporten el peso de las que se colocan encima.

La leña que se utiliza es principalmente tojo.

Las primeras horas se llama templar el horno (temperar o forno), ya que se no se calienta demasiado deprisa para que las vasijas no se agrieten. Después, durante cuatro horas se calienta al máximo para que la cocción sea profunda.

Se echa un poco de sal gruesa por encima del horno para que las vasijas tengan diferente coloración.

Una vez pasado el tiempo, se deja enfriar hasta el día siguiente que se saca la hornada.

Una vez retiradas las vasijas, se hace el proceso de echar el pez (empegar) las que van a contener líquidos (xarros, ámboas, cántaros..)

Se muele el pez para retirar las impurezas. Luego se calienta el cacharro en un fuego hecho con tojos en el suelo y así caliente se coge con cuidado y se le aplica el pez en la parte interior distribuyéndolo uniformemente.

 

Texto de Ana M. Díaz

 

Un enorme abrazo a todos.

 

 

 

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